La noche de los pescuezos rotos: Cancer y Pestilence en Barcelona

La noche de los pescuezos rotos: Cancer y Pestilence en Barcelona

No hay que tomarse el título de forma literal; lo de ayer en Barcelona, desde donde escribo, estuvo bueno. Cancer y Pestilence rasparon a guitarrazo y grito limpio los oídos de todos los que fueron a verlos; el año cierra con death metal en esta parte del globo; death metal de la vieja guardia. Las puertas del Wolf en el que se celebró la velada abrió puntual, 7 con 30. Cancer apareció a las 8 con 30, esto es, cuando mucha gente en esta ciudad yacía en casa, seguro bajo una manta o un nórdico debido al frío; calentaron la noche con la honda profundidad que dan los acordes más graves; miento si digo que Cancer hizo mover el cuerpo de todos; si no fue de todos, fue de buena parte del público que los veía, entre los que había, como no podía ser de otro modo, gente joven, muchachos y muchachas que por cuyas edades podrían estar más cerca de otro tipo de géneros, géneros más alegres, más festivos, más discotequeros. Pero ahí estaban, saltando, bailando, con temas conocidos de ellos y otros no tan conocidos (al menos para mí); sé que tocaron algo del Death Shall Rise, y que casi con certeza, también de su primer disco, ese cuya portada lleva tiempo siendo emblemática debido a su crudeza (un cuchillo abriéndole el cráneo a un tipo joven, muy cerca del ojo izquierdo, la sangre chorreando), me refiero al To the Gory End, de 1990. Se armó el pogo; cerca del escenario como estaba, hacia la izquierda, que era el lado del bajista, no tardó en caerme un codazo.

El Wolf es un local/discoteca que me recuerda a otros locales limeños muy parecidos; no recuerdo los nombres (¿Discoteca Voce?, ¿Discoteca Céntrica?), y tampoco sé si todavía existen (llevo ya algunos años en Barcelona y ando algo perdido con la actualidad fiestera de mi país). Se ubica en el distrito de Sant Martí, cerca del metro Marina; creo que fue la iluminación lo que más atrajo mi atención (unos bellos morados azulados que salían de las paredes) y la amplia barra donde uno podía pedir cerveza (aquí este servidor, y como la gran mayoría, se tomó una por cuatro euritos). No fui a los baños, pero sí me di cuenta que había buena ventilación, lo que en algún momento hizo que volviera a ponerme mi casaca de plumas, antes justo de que Pestilence saliera a escena.

Era el plato fuerte para algunos; sé que algunos inclinaban más la cabeza ante Cancer; otros, como yo, lo teníamos pensado hacer ante Pestilence; los bravos holandeses (Cancer, ingleses) abrieron con Dehydrated (podría equivocarme); luego soltaron Secrecies of Horror; Mameli, líder y guitarra, con un polo rojo con negro de Possessed, saludó y agradeció y dijo, en algún momento, que Pestilence no moriría, e hizo un llamado de amistad, de amor (“go to the gym”, “sleep well”, “love each other”), a llevar, en suma, una vida sana, saludable, generosa, cosa que, por supuesto, nada tiene que ver con las letras de sus canciones.

La danza estaba desatada para cuando sonó Chronic Infection, del Consuming Impulse. Los cuellos, ay, ay, ay, salieron disparados; el meneo de cabezas, símbolo de fuerza, de brutalidad elegante, elevó la temperatura; las manos hacia arriba, los empujones, el caos medido. Llegó The Process of Suffocation y luego Twisted Truth; las guitarras, de cara al público; los solos y los riffs. Pestilence es conocido por su estilo abrasador y técnico; la ejecución tuvo resonancias en los oídos más veteranos; la dupla de guitarras, quién sabe, un guiño a KK Downing y Glen Tipton. El cierre de la noche llegó con Land of Tears, mientras algunos todavía tenían ganas de más.

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Carlos Franco

Soy periodista de profesión nacido en Lima. Resido en Barcelona desde hace algunos años. Escucho heavy metal desde niño, culpa de mi viejo.

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