APU RUMI – Puka Yaku: diez años de metal, misticismo andino y reivindicación del quechua

Origen: Huaraz, Perú
Fecha: 21 de Mayo 2016
Género: Power Metal Andino
Sello: MMX Distro
Lista de Canciones
- Waras (Intro)
- Tayta Inti
- Mama Killa
- Waskar & Wandy
- 1970
- Tanta Qarwa
- Warmi LLaki
- Chawin Yachay
- Kuntur Tsimpay
- Supay
- Bruja muerte
Especial 10.º aniversario (2016-2026) | Reseña de álbum
Reseña original escrita en 2016, antes del lanzamiento oficial del álbum. Revisada y actualizada en noviembre de 2026.
Hay discos que llegan en el momento menos esperado y terminan despertando sensaciones que creíamos olvidadas. Puka Yaku, el primer álbum de Apu Rumi, fue precisamente uno de ellos. Diez años después de su publicación, vale la pena regresar a esta producción que, desde Huaraz, encontró una manera particular de unir el power metal con la riqueza musical y cultural de los Andes peruanos.
Y qué mejor momento para hacerlo que este 2026, cuando se cumplen diez años de su lanzamiento y la agrupación huaracina se prepara para reencontrarse con el público limeño este sábado 14 de noviembre, como parte de la segunda edición del festival Rincón de Muertos. Una coincidencia que nos invita a recuperar aquella primera impresión que nos dejó una propuesta que merece seguir siendo escuchada.

El redescubrimiento del power metal
Durante muchos años, el power metal fue uno de los géneros que más disfruté dentro de la escena metalera. Mi acercamiento comenzó con Rhapsody, una banda que consiguió reinventar la manera de concebir el metal neoclásico, incorporando elementos de la música celta, arreglos sinfónicos y una parafernalia orquestal que parecía extraída de las mejores bandas sonoras del cine épico de Hollywood.
En aquella época aparecían discos extraordinarios que alimentaban constantemente mi entusiasmo por el género: New World Order de Gamma Ray, la primera entrega de Avantasia, Infinite de Stratovarius y, por supuesto, los imprescindibles Keeper of the Seven Keys de Helloween. Eran producciones que marcaron una época y que contribuyeron a consolidar una de las vertientes más melódicas y épicas del heavy metal.
Sin embargo, con el paso del tiempo, aquella fórmula comenzó a mostrar signos de agotamiento. Sentía que el power metal había alcanzado una especie de techo creativo. El sonido empezó a volverse repetitivo y muchas bandas parecían limitarse a reproducir las estructuras y los recursos musicales de sus principales referentes. La sorpresa comenzó a desaparecer y, como suele suceder con cualquier seguidor inquieto del metal, terminé alejándome del género para explorar otras vertientes musicales.
Pero ¿qué me lleva a contar todo esto?
Precisamente, que después de pensar que prácticamente todo estaba hecho en el power metal, apareció una propuesta que consiguió despertar nuevamente aquella pasión que creía dormida.
Fue en 2015 cuando Roger Cueva, mente creativa detrás de Apu Rumi, me animó a escuchar una de las primeras composiciones de su nuevo proyecto. Se trataba de «Waskar & Wandy», un tema cuyo título en quechua despertó inmediatamente mi curiosidad. Bastaron unas cuantas escuchas para que aquella chispa guardada dentro de mí volviera a encenderse. Lo que encontré fue una propuesta de power metal cargada de misticismo, con una fuerte presencia de sonoridades andinas que le otorgaban una personalidad particular.
No recuerdo cuántas veces llegué a reproducir aquella canción, pero sí recuerdo perfectamente la sensación que me produjo. Seguramente habrá quienes sostengan que, si se elimina el componente andino, lo que queda es power metal en su concepción más tradicional. Y no les faltaría razón. Sin embargo, considero que el aporte de Apu Rumi va mucho más allá de incorporar quenas, zampoñas y otros elementos del folclore andino a una estructura de metal.
La verdadera particularidad de esta propuesta está en su decisión de cantar en quechua. Y esto no es un detalle menor. En un país con una enorme riqueza cultural y lingüística, encontrar una banda de metal que asuma esta lengua como vehículo principal de expresión artística constituye un aporte que merece ser reconocido. No se trata únicamente de fusionar dos universos musicales, sino de reivindicar una identidad cultural desde un lenguaje que también puede encontrar su lugar en las expresiones más poderosas del metal.
Puka Yaku: una aventura musical entre los Andes y el metal
Pues bien, desde hace unas semanas vengo escuchando insistentemente el álbum completo. Puka Yaku, publicado oficialmente el 21 de mayo de 2016, reúne diez composiciones en su repertorio principal y un bonus track adicional. Las canciones vocales principales están interpretadas en quechua, mientras que el tema adicional está cantado en castellano por el vocalista colombiano David Fernández Cely.
Como era de esperarse, el álbum abre con «Waras (Intro)», un majestuoso instrumental de poco más de dos minutos que funciona como una introducción a este universo sonoro. Las guitarras se entrelazan con los sonidos del viento, mientras las zampoñas y quenas van construyendo una atmósfera que nos transporta directamente a los paisajes de la sierra peruana. No es casualidad que el tema lleve el nombre de Huaraz, ciudad de procedencia de la banda.
Precisamente, «Waras» es mucho más que un buen intro. Su función es abrirle camino a «Tayta Inti», una composición donde los elementos andinos adquieren protagonismo desde los primeros pasajes. La presencia de la quena se integra con naturalidad a las guitarras y los teclados, mientras la canción va adquiriendo un carácter épico a medida que avanza. Los solos de guitarra son estupendos y encuentran en los arreglos de teclado el complemento preciso para quienes disfrutamos del power metal más melódico.
«Mama Killa» continúa por esa misma línea, aunque presenta un arranque más pausado. Su desarrollo va ganando intensidad gracias a los coros y a la melodía de las guitarras, que terminan por darle una dimensión más envolvente a la composición. Es otra muestra de cómo Apu Rumi consigue integrar los elementos tradicionales sin que estos parezcan añadidos artificialmente.
Pero si hay una canción que representa el punto de partida de toda esta aventura musical, esa es «Waskar & Wandy». Con un intro misterioso, casi ceremonial, que parece evocar la voz del dios Sol, la composición despliega toda la esencia de Apu Rumi. Sus melodías permiten imaginar los escenarios naturales que inspiran su narrativa: los imponentes nevados Huascarán y Huandoy, sus lagunas y los extraordinarios paisajes del Callejón de Huaylas.
Recuerdo particularmente esta canción durante un viaje a Huaraz. Mientras contemplaba aquellas montañas y lagunas, la música adquiría un significado diferente. Era como si la composición encontrara su verdadera dimensión frente a los escenarios que la habían inspirado. Cabe recordar que esta fue la primera canción creada por la banda y que posteriormente formó parte de Mana Wanaq, un compilatorio de canciones nativas del Perú.
Con «1970», la banda cambia ligeramente de registro y nos entrega una composición con mayor inclinación hacia el heavy metal tradicional, aunque sin abandonar la versatilidad melódica del power metal. Las guitarras adquieren una fuerza considerable y la interpretación vocal de Blas Ramírez destaca por su potencia. La temática nos remite al devastador terremoto de 1970 que golpeó Huaraz y el Callejón de Huaylas, una de las tragedias más dolorosas en la historia de nuestro país. Aquí, el metal se convierte también en un vehículo para la memoria.
La belleza del quechua vuelve a manifestarse en «Tanta Qarwa», una canción que exalta la belleza de la mujer andina. Su desarrollo incorpora diferentes matices musicales, con pasajes instrumentales donde las guitarras y los teclados construyen una atmósfera particularmente agradable. Es una composición que permite apreciar otra faceta de la banda, sin perder la identidad que caracteriza al álbum.
Pero Puka Yaku no podía limitarse únicamente a la fuerza, la velocidad y la épica del metal. También hay espacio para las emociones más profundas. «Warmi Llaki» representa precisamente ese momento de introspección. La canción transmite un sentimiento de tristeza y melancolía relacionado con la pérdida de una madre. Es uno de los pasajes más sensibles del disco y demuestra que el quechua también posee una enorme capacidad para expresar sentimientos íntimos, dolor y nostalgia.
Después de esta pausa emocional, Apu Rumi nos devuelve a la velocidad con «Chawin Yachay», que empieza con una introducción que recuerda inevitablemente ciertos pasajes del power metal de Stratovarius. Es una composición enérgica, con guitarras y batería perfectamente ensambladas, que desarrolla una temática vinculada a la cultura Chavín. Una vez más, Apu Rumi encuentra en nuestra historia ancestral una fuente de inspiración para construir su propuesta musical.
Uno de los momentos más interesantes del álbum llega con «Kuntur Tsimpay», una reinterpretación en clave de power metal progresivo del universal «El cóndor pasa», composición de Daniel Alomía Robles. La versión concebida por Roger Cueva toma como punto de partida la estructura de la obra original para llevarla hacia terrenos más progresivos, incorporando cambios y arreglos que le otorgan una nueva dimensión. En esta ocasión, los instrumentos eléctricos adquieren mayor protagonismo y los vientos andinos pasan a un segundo plano en determinados pasajes.
El resultado es una versión que respeta la esencia de una de las composiciones peruanas más representativas, pero que se atreve a llevarla hacia un territorio musical diferente. De todas las versiones rock y metal que he podido escuchar de esta obra, esta se encuentra, sin duda, entre las más interesantes.
Ya en la recta final encontramos «Supay», una composición donde los matices del metal progresivo se hacen mucho más evidentes. La amalgama entre batería, teclados, quenas y contundentes riffs de guitarra permite apreciar una faceta más elaborada de la banda. Es uno de los temas donde mejor se percibe la versatilidad musical de Apu Rumi y su capacidad para moverse entre diferentes recursos sin perder coherencia.
Finalmente, el álbum nos presenta «Bruja Muerte», un bonus track que cuenta con la participación del vocalista colombiano David Fernández Cely, quien comparte las voces con Blas Ramírez. Al estar interpretada en castellano, esta canción representa una variación dentro de una producción que apuesta principalmente por el quechua. La interpretación de David aporta un matiz particular, especialmente por su registro vocal, que inevitablemente recuerda a determinadas bandas de power metal español.
Sin embargo, más allá de las referencias musicales, lo que realmente destaca es la composición y su contenido lírico, donde vuelve a manifestarse esa combinación entre la magia del imaginario andino y la contundencia del metal. Una manera acertada de cerrar esta travesía musical.
Diez años después: una identidad que merece trascender
En conclusión, Puka Yaku es un álbum que destaca por su versatilidad y por la manera en que consigue transitar entre el hard rock, el heavy metal, el power metal y ciertos pasajes progresivos, todo ello acompañado por una constante presencia de elementos musicales andinos.
Cada composición representa una experiencia diferente. Hay épica, velocidad, melodía, historia, tradición y también sentimientos profundamente humanos. Pero, por encima de todo, existe una identidad que atraviesa cada una de sus canciones.
Apu Rumi demuestra que la música andina puede convivir perfectamente con las estructuras del metal sin perder su esencia. Y aunque la fusión de sonidos tradicionales con guitarras eléctricas no sea algo nuevo dentro de la escena, el verdadero mérito de esta agrupación está en haber asumido el quechua como parte fundamental de su propuesta artística.
Puka Yaku no es solamente un disco de power metal con influencias andinas. Es también una declaración de identidad, una reivindicación de nuestras raíces y una muestra de que el metal puede convertirse en un vehículo para preservar y difundir nuestra riqueza cultural.
Cuando pensaba que el power metal ya lo había dicho prácticamente todo, apareció Apu Rumi para recordarme que todavía existían maneras de sorprendernos. Y eso, para quienes llevamos tantos años escuchando metal, tiene un valor enorme.
Diez años han transcurrido desde aquella primera escucha de «Waskar & Wandy» y desde la publicación de este trabajo. Hoy, en 2026, volver a escuchar Puka Yaku es reencontrarse con una propuesta que tuvo la virtud de despertar nuevamente mi interés por un género del que me había alejado. Pero también es reconocer el valor de una agrupación que apostó por una identidad propia, llevando el quechua a territorios donde todavía queda mucho por explorar.
Y la historia continúa. Este sábado 14 de noviembre, Apu Rumi volverá a Lima para participar en la segunda edición de Rincón de Muertos, una presentación que adquiere un significado especial en el año de este décimo aniversario. Será una nueva oportunidad para reencontrarse con su música y comprobar cómo aquella propuesta nacida en Huaraz sigue teniendo un espacio dentro de nuestra escena.
Puka Yaku merece ser recordado no solamente como uno de los trabajos interesantes del power metal peruano de 2016, sino como una producción que supo mirar hacia nuestras raíces para construir un lenguaje musical propio.

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